Margaret Court antes tenista, desde 1995 es pastora en Australia

‘Olvidada’ por su homofobia, ya ganó 11 veces el mismo Grand Slam. La poseedora del récord que iguala Nadal es muy criticada en el tenis por sus ataques a la comunidad LGTB
“No podemos aceptar que se viole la palabra de Dios”, dice ella desde 1995 fundó su propia iglesia una cristiana comprometida con Dios .
La historia olvidará su tenis.
De hecho, ya casi lo ha hecho: la altísima cima que alcanzó este domingo Rafael Nadal, ganar el mismo Grand Slam 11 veces, ya la había hollado antes una tenista. Margaret Court (Albury, Australia, 1942) consiguió su primer Abierto de Australia en 1960, con sólo 17 años y su undécimo en 1973, con 30.
Entre tanto éxito sólo falló en tres citas: en dos no participó y en la tercera, en 1968, perdió la final ante Billie Jean King. En su extensa carrera celebró hasta 24 Grand Slam, un récord absoluto que ahora ambicionan Serena Williams (23) y Roger Federer (20), pero tras su retirada abrazó una causa discriminatoria y, más que por su juego, probablemente por ello se la recordará.
Biografías, Wikipedias y millones de artículos dan fe: su ideología ya está borrando su palmarés.
Court está en contra de los derechos de la comunidad LGTB, especialmente del matrimonio entre personas del mismo sexo, y en la última década sólo es citada por ello. Aunque ya lo había proclamado en medios australianos un tiempo antes, todo empezó en 2004. Aquel año, el Parlamento de su país aprobó una ley para especificar que «el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer» -es decir, para frenar el movimiento igualitario que llegaba de Europa- y su discurso saltó a la prensa internacional.
«Intentar desmantelar la definición única de matrimonio y legitimar prácticas sexuales abominables como la sodomía revelan nuestra ignorancia sobre los males que acechan a la sociedad. “No podemos aceptar que la ley viole la palabra de Dios y la naturaleza de lo que está bien y lo que está mal”, comentaba entonces en una perorata que repetiría después, una y otra vez, en múltiples entrevistas.  En el tenis y fuera de él, Court siempre encontró quién la replicara, pero en los últimos años la crítica ya se ha hecho unánime.
Por ello, incluso podría perder su mayor alusión: el nombre de uno de los mejores estadios del Melbourne Park, el recinto que acoge el Abierto de Australia.
El boicot de Navratilova
El año pasado, el país oceánico celebró un referéndum para legalizar el matrimonio homosexual y la implicación de Court fue tal -hizo campaña por el No, inició un boicot a la aerolínea Qantar por apoyar el Sí…- que llevó a otra leyenda, Martina Navratilova, defensora de la comunidad LGTB, a actuar en su contra. «En 2018 habrá que ver quién quiere jugar en el Margaret Court Arena y quién no», arrancó y luego invitó a todos los jugadores en activo a negarse a pisar este enero la pista nombrada. Nadie le siguió, pero algunos tenistas ya pidieron que el pabellón fuera renombrado; no sería extraño que en un futuro eso ocurriera.
Y entonces, sí, su tenis quedará absolutamente tachado. Una pena para el deporte. Porque Court, en realidad, fue pionera una de las primeras mujeres que impuso su físico.
Criada entre maltratos paternos en un entorno modestísimo, vivía frente al Albury Tennis Center y eso le salvó la vida, después de colarse muchas veces en las pistas, uno de los entrenadores aceptó enseñarla y, poco después, adoptarla. Con su ayuda, a los 15 años ya se mudaba a Melbourne para prepararse con un renombrado técnico y a los 17 empezaba una trayectoria extraordinaria.
La fortaleza muscular que trabajó para derrotar a los chicos con los que entrenaba -entraba en el gimnasio a las cuatro de la madrugada, antes de que nadie pudiera echarle- y su altura (1,75 metros) hacían de ella una jugadora imparable.
Entre títulos individuales, dobles y dobles mixtos, levantó 64 Grand Slam y sólo se concedió dos parones: en 1967, al casarse, y en 1972, al dar a luz a su primogénito. En 1975 se retiró y una década más tarde, tras el nacimiento de su cuarto hijo, cayó en depresión: así abrazó el pentecostalismo en 1983, se ordenó pastora en 1991 y fundó su propia iglesia en 1995.
Desde entonces, su manera de entender la Fé le ha hecho atacar los derechos de otros y deshacer su recuerdo como jugadora.
Fuente: Javier Sanchez diario el Mundo-Atp
Editado Periódico UNO

 

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