¿Cansado de tus errores?

  • Sientes auto-rechazo.
  • Sientes que no tienes esperanza
  • Te identificas como el malo de tu historia
  • Sientes que Dios te ha abandonado.
  • Te deprimes.

¿Qué hacer cuando estás cansado de tus errores?

  • Arrepiéntete aunque ya lo hayas hecho muchas veces.
  • Recobra el ánimo.
  • Reorganízate en contra de tus debilidades y errores.
  • No te condenes, recapacita y aprende.
  • Vuelve a iniciar la cuenta.

Cuando pretendemos ser honestos con nosotros mismos, sinceros con nuestra propia consciencia, entonces detectamos los errores, las impertinencias y las imperfecciones propias, y comienzan los intentos —muchos fallidos— por tratar de mejorar. A raíz de ello se genera una especie de auto-decepción, y es porque nos cansamos de tratar con las mismas dolencias, con las mismas imperfecciones y con los mismos defectos.

El Salmo 51 es una reflexión profunda de alguien que se siente agobiado por sus propios males y pecados. De hecho, se llama el Salmo de los Penitentes; es decir, de las personas arrepentidas y cansadas de sus errores.

En dicho salmo leemos:

“Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado.”

Salmos 51:3

En este pasaje, la palabra que se traduce al español como “reconocer” procede de un vocablo hebreo que se utiliza para definir a un funcionario de aduanas que abre los equipajes y revuelve su contenido para buscar dentro algo ilícito. Exactamente es lo que David, autor del Salmo 51, hace: revuelve el interior de su persona y sus acciones, y llega al punto de reconocer cuáles son sus faltas; y acaba por expresarse, definitivamente, como alguien cansado de sus errores y equivocaciones.

Esto es cierto entre los seres humanos. Incluso hay dichos populares como: “El ser humano es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra.” Y aunque el dicho resulta un poco grosero al compararse al hombre con un animal; lo que indica, y debemos rescatar es cómo, de manera reiterada, los seres humanos cometemos los mismos errores. Pero llega el momento en que tomamos tal conciencia de esa deformidad conductual que acabamos por cansarnos de nuestros propios errores, por cansarnos de nosotros mismos.

Habiendo comentado de manera introductoria este verso de las Escrituras, trabajemos con esto que me parece pertinente con relación a este tema: Las reacciones cuando tú, yo o cualquiera, se cansa de sus errores.

 ¿Cómo reaccionas cuando estás cansado de tus errores?

Sientes auto-rechazo

Comienzas a sentir una especie de odio hacia ti mismo; y no es un odio generalizado, solamente odias algunas áreas de tu vida, algunos aspectos de tu personalidad; odias algunas de tus debilidades, conductas y tendencias, porque sabes que te arrastran al mal y al fracaso.

Ésta es la reacción típica de una persona que no quiere ser como es, de una persona que quisiera cambiar y ser otra.

Este sentimiento es independiente de si los demás se dan cuenta o no. A veces tus errores e imperfecciones no necesariamente quedan a la vista de los demás; pero aunque no sea así, tu consciencia respecto a tu forma de ser es tan fuerte que experimentas esa forma de rechazo, que te hace vivir en descontento contigo mismo.

Sientes que no tienes esperanza

De las muchas sensaciones y emociones negativas y destructivas que el alma humana puede experimentar, considero que la desesperanza es una de las más desoladoras y dramáticas.

Cuando tú percibes que no hay un futuro, que tu situación no cambiará y más bien empeorará y te llevará a la ruina, es realmente una percepción desoladora.

Por otro lado, la esperanza es aquello que nutre el espíritu humano y lo vigoriza; la esperanza hace que las personas puedan volver a levantarse, que puedan hacer lo que San Pablo dijo en una de sus cartas: Olvidar lo que queda atrás y proseguir hacia lo que está delante.

Pero cuando poco a poco te fuiste cansado de tus errores, cuando poco a poco te fuiste convenciendo de que nunca podrás hacerlo bien, cuando no crees siquiera que algo bueno te pueda acontecer en las próximas horas, es porque sientes que ya has perdido toda esperanza.

Te identificas como el malo de tu historia

Cuando tú piensas que eres la peor parte en tus relaciones o que eres la parte más defectuosa y débil en tu escenario de vida, sólo estás reaccionando al sentimiento de cansancio por causa de tus errores.

También, cuando piensas que sólo sirves para generar aflicción y conflicto a los que están a tu alrededor, entonces caes en una especie de complejo de ser “el malo de tu historia”, y comienzas a percibirte como tal.

Y por supuesto que ello contribuye más a tu auto-menosprecio, a tu desesperanza, y hace que te hundas más y más en la decepción por causa de tus propios errores.

Sientes que Dios te ha abandonado

El pecado tiene ese efecto, produce separación entre el hombre y Dios. Adán, por ejemplo, se escondió y se sintió perdido cuando pecó, cuando antes conversaba con Dios en el frescor de la tarde, como dos buenos amigos. Así es que ese sentimiento de estar abandonado por Dios no es ficción ni fantasía, es una emoción real.

De ahí que tus errores realmente pueden fragmentar tu relación con Dios. Sin embargo, si sientes que Dios está de tu lado y te extiende la mano, aunque otros te abandonen, ¡puedes tener esperanza!

Un ejemplo de esto es la clásica historia del hijo pródigo, quien malgasta su vida y vuelve a su casa fracasado, pero su padre lo recibe con fiesta, con el mejor vestido y el mejor anillo.

Así es cuando sientes que a pesar de tus errores, que a pesar de no haber hecho méritos para superarlos, Dios todavía está contigo; es como darle oxígeno a tus pulmones enfermos. Entonces sientes que puedes volver a intentarlo, que Dios te ha perdonado y está a tu lado.

Pero hay un momento dentro de esa escalera de errores cometidos en el que sientes que has perdido a Dios, que has afectado tu relación con Él. Eso pasa cuando estás cansado de tus errores.

Te deprimes

Dios encontró a Caín deprimido luego de haber pecado. Y le dijo:

¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha…” (Génesis 4:6-7).

Y es que la condición de la persona deprimida en algunos casos es un derivado directo de algunas de sus conductas; y es que uno puede contristar a su propia alma a su propio espíritu. De hecho, si nuestras conductas pueden contristar al Espíritu de Dios, no digamos a nuestro propio espíritu. Lo entristecemos y lo deprimimos cuando hacemos lo malo, cuando nuestras conductas no son las mejores, cuando optamos por caminos accidentados que nos complican la vida.

Resumo para ti cinco reacciones que evidencian cuando estás cansado de tus errores: Sientes auto-rechazo; Sientes que no tienes esperanza; Te identificas como el malo de tu historia; Sientes que Dios te ha abandonado, y; te deprimes.

Con seguridad te preguntas: ¿y ahora qué hago? Aquí mi consejo.

¿Qué hacer cuando estás cansado de tus errores?

Leímos antes en el Salmo 51: “Yo re-conozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado.” ¿Sabes cómo resumir esta porción de las Escrituras? El hombre está cansado de sus errores.

Y es que hay un momento donde el reconocimiento de nuestros errores es tal, que sentimos un incendio en nuestra conciencia. Hay momentos donde la fijación por nuestras maldades y equivocaciones de vida, pareciera que deja una marca de fuego en nuestra persona interior.

Ya hablamos de cómo te sientes cuan-do estás cansado de tus errores. Pero, ¿habrá salida para esto? ¿Habrá alguna forma de escape legítimo ante el peso de nuestras equivocaciones? La respuesta es ¡sí!, ¡claro que sí! La Biblia siempre nos da esperanza; la Biblia siempre tiene una respuesta y una salida. Y precisamente de eso quiero hablarte, de qué hacer cuando estás cansado de tus errores y equivocaciones.

Arrepiéntete aunque ya lo hayas hecho muchas veces

La razón por la que muchos ya no quieren pasar por el arrepentimiento, es que ya lo han hecho muchas veces. Están cansados de arrepentirse delante de Dios y piensan que segura-mente Él está harto de sus arrepentimientos. Piensan que son hipócritas; y se sien-ten tan débiles que creen que no lograrán cambiar aunque se arrepientan.

Pero yo me atrevo a creer que mientras haya vida hay esperanza. Dejemos que juzgue Dios si nuestro arrepentimiento pasado fue sincero o no.

¿Qué otra salida tenemos? Sólo tenemos dos opciones: o arrepentirnos delante de Dios o huir como lo hizo Caín.

Caín dijo que andaría errante el resto de su vida y que de ahí en adelante la fatalidad lo perseguiría. Tú puedes escoger esa opción, la de no caber en ningún sitio, en ninguna relación, en ningún escenario, y esperar a que la fatalidad te alcance. Pero también puedes escoger la otra: la opción es venir delante de Dios una vez más aunque ya lo hayas hecho antes, y recibir su disciplina —si es el caso— y su perdón. Puedes arrepentirte y dejar que Dios te limpie, y rendirle tu corazón.

Así que, aunque te sientas cansado de estarte arrepintiendo y sientas que Dios está harto de ti, ven una vez más a Él. El arrepentimiento es la gran solución divina a los grandes pecados humanos.

Recobra el ánimo

Tienes que seguir adelante y recobrar el ánimo. El autor de la carta a los Hebreos aconseja: “…para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (He.12:3). Y es que una persona deprimida no avanza, no ve el sol, lo único que ve es oscuridad a su alrededor. Pero tú estás mejor que el que se engaña a sí mismo, aunque estés deprimido por tus errores, caídas, deslices y pecados. Al menos tú te dices la verdad, porque ves la realidad de tus equivocaciones, de tu carnalidad, de tus debilidades. Probablemente en el pasado te engañaste en muchas ocasiones, pero ese ya no es tu caso. Así que recobra el ánimo, tienes que seguir adelante.

Puede ser que en este momento te sientas arrinconado entre la espada y la pared, pues sabes que has creado un escena-rio calamitoso y de desgracia con cada una de tus decisiones y actuaciones; pero necesitas recobrar el ánimo y seguir adelante. Con esto no me refiero a que te con-viertas en un hipócrita que juega con Dios, sino a que no pienses de forma legalista con relación a tus errores. La Biblia dice que nuestras mejores acciones son como trapos de inmundicia delante de Dios, es decir, que ni siquiera tendríamos que estar revolviéndonos en el pecado para ya ser inmundos delante de Dios. Él es tan santo y nosotros tan imperfectos que ninguna de nuestras justicias pue-de comprar aceptación delante de Él. Entonces no hay pecados más grandes, ni más pequeños, ni más intensos, ni menos intensos; pecado es pecado, a fin de cuentas.

Con esto no he querido decirte que vayas a gozarte con ser un pecador y a usar mal la gracia de Dios. No, sino que, como ser humano que eres tienes una trayectoria de pecado, pero necesitas el ánimo para seguir adelante, para arrepentirte de tus errores y para buscar salidas a tu situación.

Reorganízate en contra de tus debilidades y errores

Ya admitiste que has sido cómplice de tus propios fracasos, que has jugado maliciosa-mente con algo que no te convenía, que te acercaste mucho al fuego y te quemaste. Ahora tienes que organizar tus recursos morales, espirituales y mentales, y también tus capacidades, en contra de tus debilidades y errores.

¿Cómo lo haces? Pregúntate: ¿Qué lugares frecuentas? ¿Con qué personas te relacionas? ¿Qué clase de costumbres has adoptado? ¿Qué buena disciplina has perdido en el camino? ¿Cómo te dejas o no llevar por tus valores? ¿Tus valores son más fuertes que tus debilidades?

Reorganizar todo esto requiere reflexión y toma de decisiones.

No te condenes, recapacita y aprende

Condenarse es la tendencia de todo ser humano. Adán y Caín, por ejemplo, se sintieron condenados cuando hicieron lo malo. Pero la culpabilidad nunca resuelve ni los problemas, sólo hunde y quebranta más.

Tú debes saber diferenciar entre sentirte culpable y estar arrepentido. Pareciera lo mismo, pero no lo es. A este respecto, el apóstol Pablo dijo en una de sus cartas: “La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte.” (2 Cor.7:10)

A lo mejor el arrepentimiento comienza con algo de culpa, pero esa culpabilidad tiene que conducirte al arrepentimiento. Así como en la historia del hijo pródigo, quien al observar su escenario de vida se sintió culpable y dispuso volver a su padre; esos sentimientos lo llevaron a cambiar el rumbo de su vida. Caso contrario el de Judas, quien también experimentó sentimientos de culpa, pero éstos lo llevaron al suicidio.

De ahí que está bien que la culpa sea el primer brote cuando cometas un error, pero esa culpa te tiene que llevar al punto redentor que es más bien el arrepentí-miento. Por ello el consejo: No te condenes, recapacita y aprende. Porque, puedes aprender de ti mismo, de la vida y de la naturaleza humana. 

Vuelve a iniciar la cuenta

Después de arrepentirte debes iniciar la cuenta nuevamente. Esto significa que, luego de que hayas reconocido tus errores debes dejar la cuenta en cero y volver a iniciarla.

Reitero, con esto no me refiero a que te conviertas en un hipócrita que juega con Dios, repitiendo una y otra vez tus errores, sino, a que no pienses de forma legalista con relación a ellos, y acabes varado en la carrera de tu vida.

Por ello el consejo: Vuelve a iniciar la cuenta. Date una nueva oportunidad poniendo en cero la contabilidad de tus errores y volviendo a comenzar la carrera.

Son cinco los consejos que te brindo a manera de salida ante el peso de tus errores y equivocaciones: Arrepiéntete aunque ya lo hayas hecho muchas veces; Recobra el ánimo; Reorganízate en contra de tus debilidades y errores; No te condenes, recapacita y aprende, y; vuelve a iniciar la cuenta. Y no olvides que la Biblia siempre tiene una res-puesta y una salida a tus errores y equivocaciones. Nunca olvides que la Biblia siempre te dará esperanza.

Fuente: Rene Peñalba

Con 45 años de trayectoria ministerial, René Peñalba es hoy un conocido escritor y destacado conferencista internacional. Es el Presidente Fundador del Centro Cristiano Internacional, con sede en Tegucigalpa, Honduras; de la Red Misionera Global CCI, conformada por más de 400 iglesias y proyectos misioneros, en 31 países, en 4 continentes: América, Europa, Asia y África; y del Grupo de Medios de Comunicación del Centro Cristiano Internacional, conformado por: CCI Radio, CCI Channel, Periódico “Esta Semana” y Sitios CCI en la Internet; y de CCI Publicaciones. En este sitio, usted puede conocer más de su labor ministerial, informarse sobre cómo adquirir sus libros y conferencias, y descargar el audio del programa Realidades y de predicaciones.

Editado: Periódico UNO

 

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