¿Deconstrucción o destrucción? Según la ideología de género

La ideología de género se lanzó por primera vez en Beijín en el año 1995 en el IV Congreso Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer. La mayoría de los países miembros la apoyaron creyendo que se trataba de una lucha a favor de los derechos de las mujeres.

Nunca se imaginaron entonces el alcance que tendrían sus demandas.
Las activistas de Beijín distribuyeron astutamente textos con definiciones ambiguas sobre la sexualidad, evitando utilizar palabras como marido, mujer, esposa, madre, padre, etc., y resaltando, con tonos victimistas la persecución que, según ellas, padecen por parte de los sectores tradicionales desde tiempos antiguos.

Su estrategia consiste en utilizar la exageración y las verdades a medias para insertar sus ideas en la mente de las multitudes y convencerlas de sus razones.

A tal punto ha llegado la ideología de género que han introducido una nueva forma de lenguaje con la pretensión de que se convierta en el nuevo sistema de comunicación oral al que todos han de ajustarse.

Se trata de hablar un idioma “neutro”, sin “a”, sin “o”, y con “e”, para quitarle el sentido femenino o masculino a las palabras (como si ellas tuvieran sexo), sin tener el menor respeto hacia el exhaustivo trabajo realizado durante años (o siglos) por los eruditos de la Real Academia Española para perfeccionar nuestro idioma.

Además todos tendrán que aprender una gama de palabras nuevas que ellos mismos han inventado con el fin de cambiarle el sentido verdadero a lo que se proponen realizar.
Uno de los términos adjuntados es la conjugación “deconstrucción”. Ahora bien ¿de qué hablan cuando hablan de deconstrucción?

Utilizan este concepto para “desmontar” (deconstruir), las contradicciones de los modelos sociales que amparan la dualidad de sexos y las costumbres familiares tradicionales.

Este concepto fue utilizado primero por Heidegger y posteriormente por Derrida, para hablar, según su teoría, de las estructuras lingüísticas que se debían cambiar ya que con el tiempo se han convertido en un lenguaje que se identifica con los intereses de las estructuras sociales dominantes.

Para lograrlo comenzaron “deconstruyendo” el lenguaje, tratando de imponer una nueva forma de hablar que le dé otro sentido a las cosas.

Con este procedimiento de la deconstrucción, las ideólogas de género omiten hablar de “familia tradicional”, y prefieren hablar de “familias ensambladas” o “consensuadas”, y la palabra “maternidad” la sustituyen por la palabra “reproducción”, conseguida mediante la inseminación artificial.

También utilizan el término “libre elección” para referirse a los posibles estilos de vida que cada uno elige en su elección sexual, y consideran que la expresión “paternidad” debiera borrarse del lenguaje.
Por ejemplo: hablan de “interrupción voluntaria del embarazo” negándose a usar la palabra “aborto” que es la verdadera expresión de lo que ocurre cuando se arranca un feto del vientre de su madre.

Dicen “deconstrucción” cuando en realidad estamos hablando de la aniquilación tanto del lenguaje como de los valores y de los códigos de moral establecidos; dicen “género” para no reconocer que se trata de “sexo”, femenino y masculino según lo dicta la ley de la ciencia de la biología y pretendiendo ignorar que el sexo de las personas es algo que no pueden cambiar, el término “género” indica mejor la “indeterminación sexual”, según el radicalismo de género.

Hablan de “lenguaje inclusivo” cuando en realidad están aniquilando nuestra preciosa lengua castellana con deformaciones que son un insulto para las personas inteligentes y se lo enseñan a los niños como si se tratara de un gran adelanto de la ciencia.

ideología de género propone la “liberación total” en todo los órdenes, y dicen que esta liberación emergerá una vez que se haya “deconstruido” el lenguaje, las relaciones familiares, el sentido de la procreación, de la sexualidad, de la educación, de la religión, de la cultura. etc.

Hablan de deshacer todo el sistema establecido hasta ahora porque consideran que es un fracaso de la humanidad, y tratan de hacerlo desde su misma esencia. Para ello apuntan en primera instancia a los individuos como tales, atrapan a los niños y adolescentes y con astucia los llevan a preguntarse “¿de verdad seré un niño? ¿No seré quizá una niña a la que han forzado a ser niño”?

De esta manera los confunden sexualmente, descalifican esa identidad con la que fueron creados y minan su autopercepción según lo que Dios determinó para ellos y los llevan a percibirse de una manera errónea.

Luego siguen por los matrimonios y las familias, cuando llegan a este punto se descomponen las sociedades sin que ellos tengan ya ningún trabajo.
“La destrucción de la familia biológica permitirá la emergencia de mujeres y hombres nuevos, diferentes de cuantos han existido anteriormente”, acotó una de sus principales referentes.

La “deconstrucción” de la familia es imprescindible para la ideología de género, no sólo porque esclaviza a la mujer sino porque condiciona socialmente a los hijos, pues su educación tradicional es un obstáculo que no favorece la construcción de una nueva sociedad igualitaria.

También llevan a cabo la deconstrucción de roles. Consideran, por ejemplo, que la maternidad es uno de los roles más negativos pues una mujer cuando tiene un hijo “representa” (por imposición) el papel de madre, pero no es una madre verdaderamente, por eso hay que sacar del medio este rol que (según ellos) ata, limita y aún resulta un elemento de tortura hacia las mujeres.

La única forma de eliminar esa opresión es rechazar la maternidad como función femenina, pues las responsabilidades de la mujer en la familia son las enemigas de su propia realización.

Intentan la deconstrucción de la naturaleza humana al reclamar el derecho a determinar la propia identidad sexual; el derecho a controlar el propio cuerpo, particularmente al establecer relaciones de intimidad; y el derecho a escoger, dado el caso, cuándo y con quién engendrar hijos, como elementos fundamentales de los derechos humanos de toda mujer, sin distingo de orientación sexual.

Para los ideólogos de género la “total igualdad” no sólo significa igualdad bajo la ley, ni igualdad en la dignidad de la naturaleza humana, sino también que las mujeres – al igual que los hombres – ya no tengan que dar a luz, eso será posible gracias a la fecundación asistida y otros procedimientos técnicos. Y por supuesto, reclaman el derecho al aborto sin limitaciones de ninguna clase.

Lo que en realidad desean conseguir es la total igualdad antropológica con el hombre, suprimiendo completamente cualquier distinción entre lo femenino y lo masculino. De esta manera se obtendría la libertad para expresar las diversas formas de sexualidad.

Para ellos no son suficientemente claras las radicales diferencias anatómicas y psicológicas entre el hombre y la mujer.

Es obvio que no pueden negar esta realidad tan evidente, pero entonces consideran que estas diferencias no tienen por qué estar sujetas ni determinadas por la naturaleza masculina o femenina, sino que cada individuo debe ser libre para decidir de qué manera quiere funcionar, y que “rol” desea ocupar en el marco de la sociedad en la que se encuentra.

Con esto comprobamos que ellos cambian el significado semántico de las palabras y el sentido de la naturaleza misma al concebir que la realidad de los “hechos” no depende de lo que “somos” sino de lo que deseamos ser.

Utilizan la estrategia de insistir en que ser hombre o mujer no es una realidad inamovible, como establece la “obsoleta sociedad patriarcal”, sino que debe ser un factor intercambiable, puesto que ser una cosa u otra no tiene por qué depender de la anatomía corporal y biológica sino del “rol” social que se quiera elegir.

Por ello exigen el “derecho” a determinar la propia identidad sexual, que de por sí (según ellos) es indeterminada.

Hablan de “reeducación escolar” para enseñarles a los niños la posibilidad de elegir una nueva identidad. En Beijín se habló de que a las niñas no se les debería exponer la imagen de la mujer como esposa o madre, ni involucrarlas en actividades femeninas tradicionales porque ello las induce a seguir el patrón determinado que siempre tuvieron las mujeres en el mundo y se las condiciona para que elijan lo que quieran ser.

Al tratar la deconstrucción del matrimonio, dicen que se debe ayudar a las mujeres jóvenes a ser diferentes, ya que la vida sexual no gira sólo alrededor del matrimonio.

En la ideología de género predomina la voluntad por encima de la razón. Para ellos lo importante no es el conocimiento racional de la realidad objetiva, sino lo que podemos hacer con esa realidad de acuerdo con las propias decisiones y el poder de nuestra absoluta voluntad.

Piensan, irracionalmente, que disolviendo los hogares y la familia serán más felices pues creen que se logrará el paraíso en la Tierra cuando se disuelva la dualidad de sexos masculino-femenino, cosa que provocará la idílica unidad de la raza humana.

Consideran que de ésta manera finalizará la lucha existente entre los sexos, y los seres humanos llegarán a una completa y armoniosa unidad al anularse todas las diferencias sexuales y las supuestas fragilidades humanas.

Los activistas de género llaman despectivamente la “familia bíblica” a la familia natural formada por un matrimonio monógamo e hijos, y consideran que no existe ninguna esperanza en un “más allá”.

La ideología de género es el arma de mayor destrucción jamás usada contra la humanidad, es como si Satanás hubiera tirado una bomba atómica en medio del sistema humano implantado por Dios, tratando de hacer añicos cada una de sus bases. Ni los peores gobiernos del mundo, ni el mismísimo Hitler con su macabra agenda de exterminio, pensó en desmembrar a las personas desde su misma naturaleza, desde su más profundo interior, como lo está haciendo la ideología de género.

Y lo peor es que lo está logrando, metiéndose en la mente de las personas y haciéndoles creer sus mentiras ya que, a pesar de ser una minoría, tienen gran influencia en el mundo político, cultural, universitario y una buena audiencia en los medios de comunicación.

En la actualidad se ha introducido en instituciones como la UNICEF, UNESCO, la OMS, y en los foros de la Unión Europea, en cuyo parlamento se han elaborado documentos sobre la vida y la sexualidad, inspirándose en los esquemas de esta ideología. Los medios de comunicación la amparan y difunden sin tener en cuenta sus graves consecuencias.

Además desde ciertas instancias del poder y desde algunas universidades norteamericanas se ha intentado darle un rango científico cuya plataforma de lanzamiento es el organismo de las Naciones Unidas. Desde los años 90 está presente en todas las Agencias de esta institución.

De esta manera la ideología de género dicta leyes a las que las naciones del mundo han de sujetarse les guste o no.

La doctora y teóloga Jutta Burgraff decía en una de sus disertaciones: “Dios ha creado al varón y a la mujer en un único acto misterioso. No hay derecha sin izquierda, no hay arriba sin abajo, y tampoco existe el varón sin la mujer. Por tanto, la dualidad sexual no es ni irrelevante ni adicional, y tampoco es un producto social, sino que dimana de la misma intención del Creador”.

Por lo tanto la ideología de género es la mayor afrenta hecha al Creador sobre su más preciosa criatura que es el hombre, al cual ha denigrado, enfermado sicológicamente y al que trata de destruir en su propia identidad.

Más que deconstruir estos pretendidos “idealistas”, están destruyendo lo que con tanto esfuerzo han logrado construir las generaciones que nos precedieron. Sin embargo, es importante que recordemos una premisa que ha distinguido a todos los movimientos que han surgido en el mundo, ajenos a la voluntad de Dios: ninguno de ellos ha prosperado.

Por lo tanto hemos de esperar que, como tantos otros, llegue el momento de su exhumación, aunque mientras tanto tengamos que luchar para minimizar sus nocivos efectos sobre nuestra generación.

Elda Elisa Mout: pastora y escritora argentina

3 comentarios en “¿Deconstrucción o destrucción? Según la ideología de género

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