Pilar Rahola: “Cuando los evangélicos parezcan un brazo ideológico, tendrán el rechazo de muchos colectivos sociales”

Conceptos como la experiencia espiritual trascendente, la fe, la razón y la ciencia están en la mente de muchos. A veces de manera más superficial, otras con un arraigo que roza la obsesión, alterando la paz personal.

No hay un requisito previo a las grandes preguntas existenciales. Creyentes y no creyentes nos acercamos a ellas en diferentes momentos de nuestra vida. Y en ese acercamiento también se encuentra Pilar Rahola.  Después de publicar en 2018 S.O.S. Cristianos, una investigación sobre el cristianismo perseguido, la comunicadora y escritora catalana ha mantenido un contacto muy activo con el colectivo evangélico. “Principalmente en América”, matiza.

Una experiencia que no ha pasado inadvertida para ella.  Poco después de concedernos una entrevista con motivo de la publicación del libro, Rahola escribió un artículo titulado Evangélicos, donde aseguraba cosas como “cada vez que he podido contemplar sus celebraciones, no he resuelto mi falta de fe, pero me he marchado con sobredosis de optimismo y buen ánimo”. 

Ahora ha vuelto a conceder unos minutos a este medio para retomar la conversación desde el punto de vista de su visión sobre el trabajo de las comunidades evangélicas, el pluralismo en una sociedad como la catalana y sus consideraciones personales sobre la fe.  Hablamos de la labor social de las iglesias en los barrios marginales de Latinoamérica. Del peligro de politización del colectivo evangélico, y cita casos como el de Brasil con Jair Bolsonaro.

De la necesidad de que se produzca un encuentro entre razón y fe, y del sentimiento de acompañamiento que le produce escuchar el ‘Padre nuestro’ en un funeral. “No estoy en la posición de resolver mis incógnitas y mis miedos por la vía de la trascendencia espiritual. Pero no me molesta que otros lo hagan. Me acompaña”, dice.  No es un día frío. El ruido de la ciudad sí es como siempre. Y en medio de lo frenético, en una charla de cafetería, vuelven a resurgir todos estos conceptos que traspasan los límites de la rutina y de su actividad, con una mirada de aspiraciones existencialistas.   

Pregunta: Meses después de nuestra primera entrevista, acerca de tu libro S.O.S Cristianos, escribiste un artículo titulado Evangélicos. Allí hablabas del primer culto protestante que viviste y de los tópicos que rompiste. ¿Cómo llegaste a entrar en una iglesia evangélica?

Respuesta: Después de ese, he asistido a muchos otros cultos, principalmente en México y Miami. Mi experiencia con el mundo evangélico ha sido básicamente allí, y puedo decir que tengo algo de conocimiento del mundo evangélico americano, mientras que en Cataluña ese conocimiento es prácticamente nulo. He tenido conexión con el mundo evangélico a través de dos partes. La primera, sin duda, es por amigos y por las comunidades judías, con las que tengo mucha relación y que en esas zonas del mundo también son muy próximas a los evangélicos. De hecho, mi primer contacto fue mediante unos amigos judíos que me llevaron como invitada a la iglesia de un pastor muy influyente en Miami. Después ha sido a raíz de publicar el libro, que ha han habido peticiones directas. Una vez estableces contacto, van ocurriendo cosas. Si viajo, me buscan en el lugar. Hay una relación que se ha establecido con los viajes.   

P: ¿Por qué nula en Cataluña?

R: No me puedo quejar, porque peticiones he tenido muchas. Pero aquí, en Cataluña, siempre tengo la agenda llena por diversos temas que trato y que, como es lógico, por la situación todo es más complicado. Cuando te desplazas en viaje, la agenda la puedes construir virgen. Aquí, en cambio, todo está ocupado. Por falta de tiempo, y no de peticiones, no he hecho las presentaciones que me han pedido, no sólo en el ámbito protestante sino también en el católico, ni me he podido implicar lo suficiente. Pero es una cuestión estricta de tiempo.   

P: En tu artículo también hablabas de pastores que “son auténticos misioneros de la palabra de Jesús” y que realizan “una labora muy notable en las clases populares”. ¿Cómo se va configurando esta visión de los evangélicos?

R: Está la parte buena y la mala de mi mirada sobre el fenómeno, especialmente en el continente americano, donde tiene tanta importancia. No hay duda, y es una cosa que creo importante poner en valor y por eso la recogí, que el mundo evangélico en general hace un gran trabajo tanto misionero como social.

Tiene mucha lógica porque el propio mundo protestante es un mundo de estar en el asfalto, en la calle, con la gente, de salir de la púrpura e ir. Y, por tanto, tiene un sentido religioso y ético el tener una voluntad de misión y de apostolado. Pero, además, creo que el mundo evangélico ha crecido, especialmente en el continente americano, en zonas que están muy deterioradas a nivel social, donde ha habido una gran implicación.

Es verdad que, también, hay muchos capellanes católicos, especialmente en Sudamérica, muy implicados socialmente. De manera que, quizás, la palabra de Jesús, en su aspecto más puro, cuando se enfrenta a unos problemas sociales tan graves, moviliza la solidaridad y lo que los cristianos llaman caridad, que es un concepto previo a la solidaridad pero similar.

Aún así, cuando he llegado a ver el trabajo que se hace, por ejemplo, en barrios complicados de Miami, con migrantes y gente de la droga, un trabajo social de estructurar familias, de estructurar barrios, de ayudar a los colectivos más vulnerables para que no caigan en situaciones delictivas, me parece absolutamente admirable.

Este es un trabajo de apostolado muy directo y en primera trinchera. Y esto es algo que no se reconoce nunca, especialmente desde la Europa católica, para la cual los evangélicos son los predicadores de las televisiones americanas y algún otro tópico más. En cambio, se conoce muy poco un trabajo de mucha implicación social que ya se pueden reír las oenegés de izquierdas.

Es importante poner esto en valor porque, creo, en muchos de los sectores más vulnerables que llegan a Estados Unidos, o de los peores barrios en Sudamérica, los pastores y las comunidades evangélicas crean una identidad colectiva y los religa a una tierra, a una gente y a unas circunstancias, sin dejarlos abandonados a su suerte. 

El aspecto que considero más negativo es que algunos de estos colectivos evangélicos ahora están muy implicados en connotaciones políticas y han derivado hacia planteamientos derechistas y ultraderechistas, confundiendo lo que sería el trabajo social que se desprende del evangelio con lo que es estrictamente el proselitismo político. Esto se ha visto muy claramente en Brasil. No es el único caso. En las últimas elecciones de gobernadores en Estados Unidos, muchos pastores evangélicos han jugado un papel destacado por lo que denominan como ‘líderes cristianos’.

Esta es una injerencia que me preocupa porque es la injerencia de la ética religiosa sobre la ética política, que históricamente nos ha hecho tanto daño. Los maestros son, sin duda, los católicos, que lo han hecho a lo largo de los siglos con mucha insistencia con el concepto de poder, del Papa poderoso. Esto lo hacen, también, los islámicos permanentemente y con todo tipo de abusos, utilizando el concepto de Dios para gobernar la sociedad de manera terrible e imponiendo leyes regresivas. Y, en estos momentos, los protestantes están teniendo una deriva hacia aquí en algunos sectores de comunidades evangélicas.

En Miami tuve una fuerte discusión con una pastora que me decía que su trabajo era conseguir que todos los políticos relevantes fuesen políticos cristianos. Cuando le preguntaba qué quería decir con aquello, si se refería a una ética de vida, ella me hablaba de ideología.

Esto me preocupa porque soy una convencida de la Ilustración, que cree que los dioses deben estar en un lado y las leyes en otro. Ahora bien, el hecho de que esto sea un tema de preocupación no puede negar el hecho del enorme trabajo social que también se está haciendo. Acaba siendo como todo. A modo de ejemplo católico, hay un diferencia muy grande entre el poder del Vaticano, que fundamentalmente es político, y Pere Casaldàliga, que ha estado en las montañas dedicándose toda la vida a los pobres.

En el ámbito evangélico pasa lo mismo. Los grandes movimientos sociales que hacen que mucha gente que sería vulnerable acabe estando recogida, cuidada y estructurada, también pueden hacer que después sea muy fácil manipular el voto. Este es un tema que debería alertar a las comunidades evangélicas que realmente quieren trabajar por el apostolado religioso.  

Protestante Digital

Editado Periódico UNO

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