¿porque hablamos mal?

El Sr. Obsceno Lengüetti y la Sra.Vulgar de la Boca, conversan sobre asuntos domésticos. Son primos y socios de un pequeño negocio, de manera que comparten muchas de las vivencias del día a día con bastante confianza.

Cuando hablan sobre cuestiones desagradables profieren todo tipo de obscenidades contra el objeto de su rabia. Sus chistes casi siempre están cargados de lo grosero, y en sus conversaciones las “palabrotas” fluyen naturalmente como brota agua sucia de un cerro en derrumbe.

Ambos son coprolálicos. La coprolalia patológica es uno de los síntomas que se pueden observar en algunos tipos de demencia y esquizofrenia. Literalmente significa “hablar heces”.

Lo que se habla, es, como dijo Cristo, la exteriorización de lo que hay en el corazón, pues, “de lo que abunda en el corazón habla la boca”.

¿Por qué muchas personas utilizan la grosería o palabras obscenas para comunicarse?
Algunas personas se criaron en un contexto (familia, vecinos, amigos) carentes de educación y buenos modales, donde la palabra coprolálica era la norma y no la excepción, de manera que copiaron y le dieron continuidad a ese modelo verbal durante el resto de sus vidas.

Las groserías son usadas comúnmente en chistes, de hecho, algunas personas tienen la sensación de que un chiste sin la palabra vulgar no tiene gracia. Quizás eso obedezca a la cultura chauvinista y discriminatoria que se ha impuesto, la cual en el fondo pretende darnos el mensaje de que lo gracioso es lo coprolálico y arrabalero.

Desde esa perspectiva han convertido en chiste y burla coprolálica al borracho, al promiscuo, al infiel, al homosexual, al vivaracho, al pícaro o tramposo, al que no respeta a Dios, al ignorante…
Otros sujetos adaptaron la grosería en sus vidas como mecanismo de defensa y ataque. Son esas personas que están convencidas temperamentalmente que si hablan con tono fuerte y profieren palabras grotescas se impondrán a los otros y serán realmente escuchadas y respetadas. Craso error.

Algunos usan la grosería por agresividad, sea del tipo activo o pasivo. Las vulgaridades son instrumentos para agredir, ofender, humillar y malograr psicológicamente a los demás. Esta utilización de lo obsceno la podemos observar casi siempre en el hecho de que no hay pelea física sin que le antecedan insultos cargados de frases groseras y denigrantes de uno contra el otro.

El Libro inspirado de arriba nos dice: “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan” (Efe. 4:29).

Fuente: hectormarquez.convicciones@gmail.com
Editado Periódico UNO

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