Argentina: “crónica de una cuarentena”

Virus, Protección, Coronavirus, Mujer, Cara, Máscara

Ayer estaba muy desanimada, y pensar que solo van OCHO DIAS de la cuarentena impuesta por el gobierno por causa de la pandemia. Casi (pero solo casi) me dejo llevar por tantos sentimientos encontrados y me entrego al desaliento.

Tengo ganas de escribir algo para la posteridad… y… alguien tiene que hacerlo ¿no? Porque, después de todo, esto no es algo que ocurre todos los días. Nos hemos acostumbrado a lidiar con cuestiones económicas, políticas y sociales, pero con algo así… noooo…¡¡¡nunca!!!

Acostumbrarse al hecho de tener que quedarse en casa viendo pasar el tiempo implacablemente lento como si de pronto el reloj de Dios se hubiera detenido para los proyectos humanos por tiempo indeterminado; como si nos hubiera puesto en “pausa” para hacer alguna otra cosa y se hubiera olvidado de que nos dejó aquí , esperado.

Alguien escribió hoy en Facebook, “¿Quién dijo que marzo tenía 31 días? Si ya van como ochenta y todavía no termina”…

Amanece un día más en el cual no se vislumbra cambio alguno y percibo (porque el sentido común así me lo indica) que será muy improbable que la mayoría de los planes que he hecho para este año puedan llevarse a cabo.

Este es el patio de mi casa. Rincón bendito que ve pasar las horas de mis tediosos días y al cual acuden a visitarme cada tarde, picaflores y mariposas volviendo a recordarme que la vida continua y que el sabio Creador aún permanece llevando a cabo su espléndida obra alrededor del mundo.

Es que la naturaleza toda está celebrando nuestro encierro ¿se estarán preguntando cada uno de esos bichitos que habrá sido de aquellos personajes insolentes que estropearon sin escrúpulos sus bellísimos parajes? Por algo dijo el apóstol Pablo hace ya muchos años que la creación gime y se encuentra con dolores de parto esperando ser liberada de la esclavitud a la que nosotros la hemos sometido… Qué pobres criaturas somos ¿verdad? 

Dos mariposas revolotean felizmente en la cornisa del tejado como celebrando la inmensa quietud que rodea el ambiente mientras disfrutan de una inmensa libertad… y me da algo de envidia.

Ayer escuche a Dante Gebel decir que no sabía cómo orar en esta situación, y me sentí identificada con él ¿Deberíamos pedir que la pandemia se detenga cuando hace tanto tiempo que estamos clamando a Dios por la terrible maldad en la que está sumido el mundo? No se escuchan por estos días los alaridos de las feministas reclamando su “derecho” para matar los niños que aún no han nacido, ni las insolentes marchas del orgullo gay inundando las calles de las grandes ciudades ¿Nos corresponde realmente interferir en la oportuna intervención divina a tanta depravación, cuando justamente es un tiempo en el que mucha gente se está volviendo a Dios? ¿No estaremos ante un llamado de atención para que dejemos tanto egoísmo y le busquemos de verdad y con todo nuestro corazón?…

Otro interminable día está llegando a su fin y mientras los rayos del astro rey se debilitan paulatinamente en el horizonte, comienzan a abrirse sigilosamente las delicadas flores que crecen atiborradas trepándose por el pie del farol. Siempre me pregunté cuál sería la extraña razón de que esta planta prefiera desplegar su belleza durante las sombras de la noche, escondida de la vista de los humanos y, por consiguiente, sin que la mayoría de nosotros pudiera apreciarla. Pero ahora, por fin, creo que lo entendí… ¡Claro que lo entendí!

Estas simples florcitas, tan débiles y diminutas, me están dado una gran lección. Y es que hemos perdido de vista que los atributos más sublimes de nuestra alma deben ser dedicados solamente al Señor. Hemos perdido la capacidad de comprender que lo más bello que podemos ofrecerle a la vida, conviene mantenerlo lejos de la arrogancia que nos provocan los aplausos del mundo y solo pertenecen al secreto de nuestra intimidad con Dios.

Pero también me enseñaron algo más. Es el hecho de saber que aun en medio de la más densa oscuridad, Él continua haciendo cosas bellas para mí. En medio del estío y la incertidumbre de esta crisis llena de dudas y angustia, hay un Dios que continuará embelleciendo mi vida como las florcitas nocturnas de mi jardín.

Decidí rescatar una pobre plantita que estaba languideciendo en una maceta olvidada y para ello fui a la parte posterior de la casa con el fin de buscar tierra, y ¿a que no saben lo que vi?… ¡Mi vecino jugando a la pelota con su hijito de cuatro años en el patio de su casa! ¡¡Vaya sorpresa!! Hace años que vivo aquí y nunca había visto algo así. Es que, después de todo, es como dijo el Dante, ¿viste? ¿Y si dejamos de orar para que la pandemia se detenga? Quien dice que, tal vez, y sin darnos cuenta, estamos haciendo felices a muchos pequeñitos que seguramente no entienden cómo es que, de pronto, su papi tiene tanto tiempo para ellos…

También tengo un sillón en mi galería desde el cual observo cada mañana el despertar de las simples cosas que rodean mi vida cotidiana mientras estudio mi Biblia y saboreo un exquisito té de manzanas. Pero cuando las penumbras vuelven a inundar mi patio, cesa el canto de las chicharras despidiendo los últimos días de calor en este otoño incipiente, las mariposas reposan de sus interminables danzas y las florcitas de la noche se arremolinan a la luz tenue de mi farol, termino las rutinarias horas de otro día más, exactamente en el mismo lugar donde lo comencé: en mi amado sillón de la galería.

 Suelo pasar muchas horas aquí por las noches, reflexionando y compartiendo gratificantes momentos de comunión con Dios. También charlando por teléfono con insomnes amigos que se encuentran del otro lado del mundo, con quienes puedo compartir alegrías y tristezas por igual, quienes me hacen sentir, aunque a la distancia, que todo parezca más fácil.

Observando las estrellas en una noche clara, me imagino a Dios mirándome en silencio con una tenue sonrisa en su rostro mientras se pregunta si habré aprendido la lección de hoy.

Al final de todo, concluyo mi jornada entonando, como en un susurro, las notas de aquel antiguo himno que aprendí en la iglesia Bautista de Alem y Sarmiento, donde el pastor Benjamín Harris solía advertirnos acerca de los difíciles días que vendrían sobre la humanidad, pero que sin embargo, y por aquel entonces, nos parecían tan lejanos… Pues bien, es preciso reconocer que esos días tan temidos… ¡Tristemente han llegado!

“El comercio ya ha cesado, el bullicio terminó.

Los talleres se han cerrado, la cosecha se dejó.

En los campos no hay labores, en las cortes no hay ley.

El planeta ya está listo para recibir al Rey.

Oh, el Rey ya viene, el Rey ya viene.

¡Gloria a Dios! EL VIENE POR MI Y POR TI”

Autora: Elda Elisa Mout

eldaemout@hotmail.com

Periódico UNO

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