¿De donde viene tanta violencia?

Algunos especialistas habían anticipado que tras la contingencia mundial del covid19 vendría no solo una fuerte recesión económica, sino manifestaciones de violencia a nivel social en las calles, a causa del profundo malestar de la población. Es lo que estamos viendo en los países denominados del “primer mundo”.¿Qué quedará entonces para nosotros, los que nos consideramos “subdesarrollados”?¿De dónde proviene tanta violencia?

Las estadísticas son alarmantes: millones de reproducciones en las redes sociales nos llevan a pensar en esta tragedia: hemos “naturalizado” algo que es inadmisible desde cualquier punto de vista.  No solo que hemos perdido en muchos casos la capacidad de experimentar esa noble emoción que se llama “vergüenza”, sino que peor aún,en aras de estar informados, nos exponemos a imágenes perturbadoras que muchas veces superan la ficción. ¿A dónde iremos a parar?

El ser humano fue diseñado para dominar todo lo creado con excepción de otro ser humano: “dominen a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo” (Gn. 1.28).Así lo describe la instrucción de Dios al primer hombre y a la primera mujer según el relato bíblico. Sin embargo, desde los tiempos de Caín, el hombre ha intentado someter a su prójimo por medio de la fuerza. Eso es violencia: el intento de un hombre o una mujer por someter a otro igual a él, creado a imagen y semejanza de Dios.

“¿Por qué debo mirar tanta miseria? Donde quiera que mire, veo destrucción y violencia.  Estoy rodeado de gente que le encanta discutir y pelear”(Hab. 1.3) ¿Frase de actualidad?¡Falso! Expresión poética del profeta Habacuc, 600 años antes de Cristo.  ¿Vidente? No, realista. El ser humano es el mismo.  Porque la violencia no está afuera de uno, sino ahí adentro, en el “corazón”. De ahí salen los malos pensamientos, y las envidias, los celos, el odio, las guerras.  Todo comienza allí. Así lo dice el evangelista en la boca de Jesús: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios y las blasfemias” (Mateo 15.19).

Por eso, Jesús vino a morir por nosotros, para “reconciliarnos” con Dios, para hacer las “paces” y darnos la paz que todos estamos buscando y malamente queremos encontrarla en una playa, debajo de una palmera.  No es la paz de la “tranquilidad” sino la paz de la “reconciliación”; aquella que pagó el precio de la culpa y obtuvo la libertad que otorga el perdón.  Ese tipo de paz, solo la podemos hallar en Jesucristo: “La paz os dejo, mi paz os doy, yo no la doy como el mundo la da, no se turbe vuestro corazón ni tenga miedo” (Jn. 14.27). ¡Recibe esa Paz, deja a Jesús entrar en tu corazón, reconcíliate con Dios, contigo, y con los demás!

Pr. Leonardo Lombar

Editado: Periódico UNO

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