El poder de la unidad

¿De qué se trata la vida, si no de encontrar un lugar al cual pertenecer? Un lugar donde puedas ser tú, sin temor al rechazo, al juicio. Un lugar donde puedas reír hasta el cansancio o llorar hasta quedarte dormido.

¿De qué se trata la vida, si no de encontrar aquello que te hace vibrar?

Aquello que te apasiona, que te moviliza, que te saca de tu estado más cómodo y seguro, con tal de ir tras eso que ilumina tus ojos y hace latir tu corazón con fuerza.

¿De qué se trata la vida, si no de poder entregarnos a los demás? Sabiendo que en algún momento todo aquello que hemos sembrado en otros, podremos cosecharlo y disfrutar de ello; o incluso a sabiendas que todo lo que le dimos a alguien, quizá no sea valorado y pase de largo.

¿De qué se trata la vida, si no de permanecer unidos? De sabernos con la misma dignidad y valor, de entender que podemos pensar diferente, ¡que es válido! Y que es precisamente eso, lo que nos enriquece. Que el otro no es menos que yo, que su historia también merece ser escuchada; que quizá tiene igual o mayor necesidad que yo de un abrazo, de compañía, de una sonrisa sincera.

¿De qué se trata la vida, si no de intentar parecernos más a Jesús? Aquel que estuvo con quien nadie quería estar; aquel que comía con prostitutas y cobradores de impuestos. Aquel que evidenciaba a los religiosos de su época, porque cargaban a los demás de exigencias que ni ellos podían cumplir y se olvidaban de amar.

Aquel que cuando todos señalaron a una mujer avergonzada, él se agachó y le regresó la dignidad al no juzgarla. Aquel que cuando todos creían a los niños una molestia, él se acercaba a ellos y los hacía reír. Aquel que cuando todos se han levantado a señalarnos, a criticar, a juzgar y abandonar, permanece…

Tomando el “derecho a la libertad de expresión”, hemos levantado voces falsas, hemos dicho lo que después preferimos haber callado. Hemos atacado y agredido, nos hemos vuelto unos contra otros. Hemos olvidado que el poder no está en la división, sino en la unidad. En ponernos codo a codo y caminar. En “trabar escudos” y avanzar, defendiendo siempre la verdad.

Psic. Andrea López

Editado: Periódico UNO

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