El Covid-19 y una búsqueda de paralelos históricos

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El virus es un acontecimiento extraordinario, pero si logramos encontrar un ancla en sucesos históricos, puede ayudar a situarnos en algún tipo de contexto. La gripe española de 1918 tiene paralelos epidemiológicos, pero no es útil para una perspectiva más amplia. En cambio, los acontecimientos del período 1914-45 que abarcó dos guerras mundiales tienen algunas lecciones, ciertamente para las sociedades angloamericanas donde ese período forma parte de la memoria popular. El mes de agosto de 1914 fue una conmoción comparable a la que estamos viviendo; y las dinámicas reformas de la economía y la sociedad que comenzaron en 1945 nos dan una orientación sobre cómo el virus podría dar forma a la sociedad una vez finalizada la pandemia.

Es obvio que aún es temprano, y el impacto del virus depende del tiempo que duren sus daños.

Paralelo con agosto de 1914

Los paralelos entre el COVID-19 y la llegada de la guerra en 1914 son fuertes. Ambos llegaron al final de un período de fuerte crecimiento económico mundial y globalización. Ambos eventos fueron inesperados, y muchos consideraban al mundo globalizado preexistente como normal, cierto y permanente.

En ambos casos, las personas más afectadas económicamente han sido la generación más joven, en edad laboral y con hijos que mantener, y los menos afectados fueron los ancianos que viven de pensiones y ahorros, y tienen propiedades más grandes en las que quedarse en casa.

Las medidas adoptadas por los gobiernos son paralelas a las adoptadas en 1914. Hemos visto un aumento descomunal de la deuda, sin contrapartida de impuestos, para apoyar la economía. Los gobiernos están tomando el control de industrias, y las libertades civiles han sido restringidas.

El Covid-19 y una búsqueda de paralelos históricos

Sin embargo, el paralelo más sorprendente es éste: en ambos casos el impacto del calamitoso acontecimiento se consideró como temporal y reversible. En 1914, el consenso era que la guerra duraría solo unos pocos meses. En 2020, el consenso popular sigue siendo que es probable un regreso a AC (antes del COVID-19), a pesar de los estudios que muestran que la supresión del virus sin una vacuna simplemente llevará a su resurgimiento.

Paralelo con 1945: el cambio climático como ejemplo

El agotado mundo de 1945 fue capaz de elaborar una notable gama de medidas sociales y económicas (podemos resumirlas como “democracia social”) que condujeron a un impresionante medio siglo de prosperidad y salud.

Tomemos solo un ejemplo donde podríamos ver un “momento 1945”: el cambio climático. Debemos tener cuidado con aquellos que simplemente añaden el COVID-19 a su lista de razones por las que algo puede y debe hacerse para descarbonizar el planeta. Sin embargo, también necesitamos escepticismo hacia las personas que nos dicen por qué el virus hace que la acción sea más complicada.

Argumentos como este ignoran el hecho de que el virus ha cambiado la política. En 1945, los gobiernos se comprometieron con una sociedad más justa, con atención médica y pleno empleo, a pesar de que las economías se habían visto desbordadas por el esfuerzo bélico, se habían liquidado las inversiones extranjeras y había millones de personas desplazadas. A primera vista, esto debería haber indicado precaución. No obstante, se destacaron dos hechos: primero, los gobiernos habían demostrado que podían forzar grandes cambios; y segundo, la gente común necesitaba y quería ser recompensada por sus sacrificios. Lo mismo ocurrirá al final de la emergencia del virus.

El cambio climático preocupa más a los jóvenes, por el mero hecho de que es más probable que vivan las consecuencias perjudiciales. Estas mismas personas son las que más están sufriendo por los cierres: muchos tienen empleos inseguros, pocos ahorros, viven en espacios limitados. Los jóvenes trabajan desproporcionadamente en áreas de la economía que han sido cerradas y a los que les costará volver a prosperar, como la industria de la hospitalidad. Después de la pandemia, no verán con buenos ojos si se les pide que asuman una mayor carga fiscal para pagar los costos del rescate económico, otro aspecto del problema de la “justicia intergeneracional”.

También son los que menos riesgo corren del COVID-19. Pueden argumentar que sus vidas se ven alteradas para salvar a los ancianos, muchos de los cuales morirían pronto de todos modos. Pueden decir: “¿Cómo es que podemos cerrar la economía para salvar a unos cuantos ancianos, pero no para salvar el planeta…?”. ¿Qué tendrá que decir la iglesia sobre este tema y a estos jóvenes

Fuente: Protestante digital/Periódico UNO

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