La teología no despierta tu conciencia ablanda tu corazón

Es el político convertido al cristianismo por la obra de Lewis, cuando estaba en la cárcel por el escándalo Watergate, Chuck Colson, quien invita a Packer al diálogo con católico-romanos.,

Si la teología no despierta tu conciencia y ablanda tu corazón, te endurecerá los dos”, observa Packer. Es por eso, que a él no le interesaba ninguna teología que no fuera experimental. Su espiritualidad va unida, además, a una humildad tan poco habitual, que a diferencia de tantos predicadores y autores conocidos, no hay ninguna organización o ministerio que lleve su nombre. Hasta en eso, era independiente. Decía lo que creía que se necesitaba oír, no lo que la gente quería oír, pero sin el autoengrandecimiento del que está encantado de conocerse. Al llegar al final de esta serie, tenemos que darnos cuenta de que lo único que quería Packer era desafiarnos a conocer, amar y pensar sobre Dios. 

Aunque ahora no lo parezca –tras tantos años retirado de la vida pública, sin poder hablar, leer o escribir, por su enfermedad–, Packer fue siempre alguien controvertido. Para algunos, era un rígido calvinista –aunque como a su maestro, Lloyd-Jones, a él no le interesaba ningún calvinismo que no fuera experimental– y para otros, demasiado cercano a los católicos –aunque él dijo que nunca sería católico, porque no aceptaba el papado y la infalibilidad de la enseñanza de la iglesia–. Como suele ocurrir, las cosas son más complejas de lo que parecen.  

Cuando decidí emprender esta serie tras la partida de Packer, lo hice en parte porque no creo que sea tan conocido como debiera –en el mundo hispano–, pero también por razones terapéuticas. Las últimas cuatro intervenciones quirúrgicas que he tenido, estaba tan consciente de mi dolor que necesitaba sumergirme en la vida de otra persona, para olvidarme de mí mismo.

Recurrí al principio a alguien que me ha influenciado tanto como Francis Schaeffer, pero luego también a dirigentes sectarios tan extremos como David Berg y Jim Jones. Quería saber cómo se habían alejado de la fe evangélica, para convertirse en esa especie de monstruos. Tras la operación de cáncer, vi cómo los obituarios habían convertido a Packer en poco menos que un santo de escayola y pensé que era el momento de mostrar su humanidad y las encrucijadas de su vida.  

James I. Packer (9): Teología experimental

Cuando Packer firmó el documento de Evangélicos y Católicos Juntos (ECT) en 1994, alguien me dijo en Inglaterra: “Lo que pasa es que tiene buenos amigos católicos”. Yo no sé de qué religión se creía mi interlocutor que son los familiares y amigos de los evangélicos que vivimos en países latinos, pero desde luego no es por falta de relación con católicos, que algunos somos protestantes. Si hay algo que está claro en la vida de Packer es su completa independencia, incluso de lo que pensaban sus amigos. Un buen ejemplo es la discusión que surgió sobre la inmortalidad condicional en 1988.

¿Qué ha pasado con el infierno?

A diferencia de lo que muchos creen, no fue Stott quien puso claramente en cuestión la doctrina del infierno a finales de los años 80. En este caso como en el que comento a continuación –los diálogos con católicos–, habló con conocimiento de causa, porque estaba en relación con Stott, cuando todo esto ocurrió –antes de que yo llegara a formar parte de la comisión de teología de la Alianza Evangélica Mundial que se reunió con el Vaticano durante años, a partir de los encuentros de Evangélicos y Católicos Juntos, sobre los que hablo después–. 

Lo que pasó con Stott fue que participó en un libro de diálogo con un teólogo liberal británico, David Edwards. En cierto momento de la conversación sale el tema del infierno y Stott plantea que hay varias formas de interpretar el fuego del juicio eterno. No dice nada más. Lo plantea como una hipótesis, pero nunca quiso desarrollarla. No hay libro, conferencia o artículo suyo, en que trate el tema con una mínima extensión. Quien sí lo hizo fue alguien tan cercano a Packer como Philip Hughes –anglicano reformado como él, amigo de Lloyd-Jones–, que trabajó en la Casa Latimer y enseñó en el Seminario Teológico de Westminster. Y quien todavía destacó más en el debate, fue el predecesor de Packer en Regent, Clark Pinnock, así como el veterano John Wenham en Inglaterra. 

Pues bien, frente a todos ellos se enfrenta Packer en su defensa de la doctrina tradicional del infierno. No por animadversión a Stott, que tan sólo lo había sugerido tentativamente, sino contra sus propios amigos. Para él, la enseñanza de Jesús en textos como Mateo 25:41-46, hacen difícil aceptar el razonamiento de que no puede haber un lugar para un tormento humano continuo de aquellos que no han sido reconciliados con Dios.

De hecho, tal y como solía hacer Stott, Packer da mucha importancia a la interpretación histórica de los textos. Le costaba aceptar que durante dos mil años de cristianismo nadie había entendido lo que significaba ese fuego, hasta que llegamos nosotros con nuestra moderna erudición científica de la filología bíblica. Para él, es un ejemplo de lo que C. S. Lewis llamaba “esnobismo cronológico”, o dicho claramente, simple soberbia. Nosotros somos los que sabemos.

Fuente José de Segovia-Protestante Digital/Periódico UNO

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